A veces solo sonrío, a veces solo me molesto,a veces solo me irrito sin sentido.
Es aquella muestra disvariante entre mi sinsentido y mis alegrías, mis entonadas melodías pronunciando tu nombre, a veces solo espero, solo espero ver de nuevo, tus ojos, tu mirada, tus labios y sentirlo y de nuevo sientas los míos y una vez más decir una estupidez.
No, no quiero seguir disculpándome, no me interesa el mantener contigo un lazo de rechazo-apego, lo único que quiero (o a veces no) es sentir que puedo ser hilarante sin necesidad de tender una escalera de mi corazón secuestrado a tu alma implacable, aquellas que me acongoja cuando niño dejando de lado mi oscuro pesar, ese que me atormenta cuando palpita mi vida esperando por ti.
La alegría de tenerte es a veces compartida por mi inconmensurada razón sin llanto, que es la misma que me aprisiona y me golpea, una y otra vez, me golpea y me lastima. Me lastima y te lastima, alejándote de mi, alejándome de ti.
En verdad quisiera que esto se detuviera, pero a veces presiento que es la misma lejanía imperecedera la que me impulsa a no controlarme, a enloquecer al sentirte no ajena, pero sí distante, distante de mis besos, de mis abrazos, de mis molestias y mis bien hondas virtudes (si es que alguna queda).
Me alegra tenerte, pero me alegra más que sufras conmigo, y es que esta locura que me impulsa a quererte y extrañarte, mientras te maltrato con mis labios y pensamientos, es la que me mantiene pendiente, uraño, pero al mismo tiempo querido, como nunca antes.
Le doy solo clic a esto antes que una vez más aquel maldito sentido me impulse a no decirte que te quiero … Yovana.
