Salida del mal

De mí no se sabrá que soy una de aquellas personas que andan estando de fiesta en fiesta todos los fines de semana. En realidad creo que recién fue en mis dos últimos semestres universitarios donde comencé con las salidas sabatinas, tal vez como un mero efecto nostálgico para tener algo que recordar con el grupo de personas, muchos de ellos amigos, con el que me tocó compartir aulas.

Este fin de semana fue especial y es que siendo sábado (siete de agosto) se propuso una salida algo inesperada. No tenía previsto salir a ningún lado, pero una llamada que me tomó a medio sueño, en medio de una larga siesta, me hizo ponerme en tono como para aprovechar la noche para tomar unos tragos y disfrutar un poco antes que se tornen incesantes los trajines relacionados con la graduación (ah, no les conté que terminé la uni, bueno, de eso hace poco).

Así fue que me desperté, tomé un duchazo de agua caliente, para evitar que el frío invierno congele mis extremidades de viejo, y salí. Tuve que tomar un taxi para poder llegar no tan tarde. La llamada inicial se había hecho hace más de 3 horas. Aunque esperaba encontrar más gente desconocida, debo aceptar que a casi todos los presentes, seis en total, los llevaba bien.

El punto de reunión era un karaoke de una avenida perpendicular a la calle de mi universidad, que se impone casi paralelamente a otra, de aspecto medianamente alegre, a pesar de su poca actividad. El karaoke tiene como recibidor una escalera directo a la puerta que vigilaba aquel día un guardia de seguridad de no muy buen talante. El trabajo es a veces una obligación y jode más cuando a veces otros se diviertan a costa del aburrimiento de uno.

No fuimos a un Box (espacio exclusivo del karaoke dedicado a un grupo de personas que se conocen, probablemente amigos), sino que estuvimos dentro de todo el enorme grupo de mesas que poblaban el lugar. Calculo que habrían unas 20 veces con cuentas irregulares de personas que se daban cita para pasar un buen rato o hasta para dedicarse canciones de amor (curiosamente fui testigo de una una dedicatoria muy emotiva… entre hombres ya maduros). Con un poco de trago se justifica que desaparezcan las inhibiciones.

Ese día había salido con la idea de poder al día siguiente tomar desayuno por algún lugar cercano o disfrutar de un buen pan caliente dominguero, así que algo de dinero había llevado. En el karaoke había tomado casi lo usual. Tenía en mi lista de bebidas tres vodkas con naranjas (screwdrivers), 2 Manhattan, 1 Johnnie Walker Red Label y una copa de vino con la que brindamos en la mesa a gusto de estar compartiendo aquel momento entre compañeros de universidad y facultad. Comimos dos rondas de chicharrón de pollo.

Saliendo del lugar, ya promediando las 3 de la mañana si no se equivoca mi reloj biológico, tomamos un taxi en busca de una discoteca de un lugar con rumbo al norte. Así fue que llegamos al Lno (como llamaré al lugar), sin presagiar un anticipado final a mi salida. Llegamos, a la entrada abrí la billetera y pedí un par de jarras de screwdriver. Terminamos la primera y luego hubo una ronda de baile. Regresé, brindé con otro vaso de screwdriver y uno de mis amigos con sangría o algo que parecía aquello. Otra amiga acompañante no quiso probar su trago así que di cuenta de él. No recuerdo más salvo el sgte. par de minutos de manera borrosa.

Al día siguiente desperté en mi cama con mi casaca puesta, la billetera estaba completa y tenía los zapatos fuera. Estaba tapado con una frazada y descansando. Eran aproximadamente las 2 de la tarde y mi pulso cardiaco no se encontraba bien del todo. Procedí a almorzar ante la preocupada mirada de mi madre. Me relataron que el día anterior me había traido medio muerto o una especie de coma temporal en un taxi, gracias a un par de amigos. Estaba tan fuera de mi que no conseguía siquiera poner un pie delante de otro para caminar y no abría los ojos. Me contaron incluso que babeaba y sonreía como imbécil.

Una acusado directo era el sueño pero de una manera tan intempestiva me sorprendía de sobremanera. Tal vez un exceso de tragos pero de aquellos he tomado mucho más y mi familia lo sabe y sé hasta dónde tomo. Qué carajos… ¿pastilla? No creo, estaba con mis amigos. Subí a mi cuarto luego de almorzar y me atacan una naúseas bastante intensas. Un dolor de estómago y luego al baño a vomitar.

Un cuerpo extraño emerge de mi boca aún babeante mientras mi cara roja aún tiene la vista lagrimeante y nublosa por el esfuerzo. Aquel cuerpo tiene una forma rosada y circular, pequeña. Inicialmente reconocida como un chicle, su contextura más firme me hace darme cuenta que estoy equivocado. Se encuentra incompleta y flotando en mi inodoro mientras me pregunto qué cosa podría ser aquella.

Mi mente aún confundida y con un ligero malestar de migraña intenta recordar mi consumo de alguna pastilla o píldora con esas características. Tal vez algún antialérgico o pastilla para el dolor de cabeza. Nada: No he tomado pastillas hace casi tres semanas… y ninguna se parecía a aquella.

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