Category Archives: No soy yo

Cobarde y eterno

Caliente, hierve mi sangre de nuevo al verme impávido otra vez frente al mismo espejo que fue guardado en el baúl de las sonrisas tristes y las lágrimas del océano. Otra vez, tras penosas culpas y nieblas oscuras, mi vista se pierde marginándote, evitando que el muro de asombro que me guiña por sobre el hombro una sonrisa cabalgue en la sombra de mis pensamientos ajenos.

Melancolía en soledad, con versos incompletos y aire a sueño, de princesas transparentes y corazones de glorias pasadas. El caballero aparece esta vez en la noche, con los cristales en la luna y sus manos magulladas. La autoflagelación al alma le ha significado perderse en el mundo de palacios y penumbras, de velas circulares y caminos en espiral.

Sonríe, subiendo a un árbol, trepando con gozo y con locura, casi imperceptible a las penas y los enojos, a los besos y a la rabia, a los ojos, a aquellos ojos y labios tristes, labios de mar y de sorpresa, de nubes y de lluvia, de soles y estrellas. Retumbando una y otra vez desean fundir lo prohibido en una única esencia, por siempre.

En un infinito de pasiones se arremolinan tantos sentimientos que generan una entropía de tal magnitud, que las lágrimas de mil estrellas en un cielo que no escucha, con un universo cobarde como testigo, no se puede esperar más que el deseo por el desierto, donde solo los pasos acompañen con ritmo el compás de un cristal marcado, olvidado y dejado al abandono en la soledad.

El caballero aún cabalga en la noche respirando el verde esperanza…

Recuerdos circulares

Caminante de distancias circulares,
errante de caminos aún no trazados,
Vacilante navegante de los mares
de un sendero replegado hacia el pasado.

En la rama más oscura de tus ojos
se vislumbra un cielo de nubes perdidas,
lloviendo como flores de un manojo
esperando ya no estar confundidas.

Suspiros olvidados

Profundos y marcados, suspiros oscuros, suspiros cerrados,
vacíos, olvidados, tiernos y tristes, ocultos y medio muertos,
lágrimas retorcidas de color amarillo azulado, caminantes
negando una realidad de lo que resulta siendo incierto,
aprisionando en el castillo del silencio lo que teme estar errado…

Línea VI

Sinérgicamente incorrecto. Invalorado pero justo. El partir que se encuentra tras esa puerta huye adornando con una lágrima el pórtico que no me atrevo a cruzar y solo camino a paso lento hacia él, deseando que una lluvia de argumentos me alcance antes de llegar. El tiempo no es más mi aliado y, de espaldas a mi, se niega a repetir errores sin solución.

No me quedan ojos parar mirar hacia atrás, donde la eternidad sigue fluyendo infinita, ajena a mi pesar, ajena a mi vano argumento de compartir con la rosa un nuevo pétalo oscuro, rojo, sangriento, pero radiante. Debí pedir perdón antes de atreverme a mirarte quitándome el velo de la injusta parcialidad sentimental e incongruente.

Sinérgicamente inexistente. La unidad separada en dos ramas subiendo al tiempo que se despiden, en el sol, radiantes y luminosos, como gotas alimentando inversamente el tallo que alimentó en tiempos lejanos las luces de una sonrisa, de una mirada, de una caricia. Injusta, todo está mejor. Injusta, carente de voluntad. Todo sale a veces mal.

1+1 = 1

Línea V

Fábula. Mi sangre está fluyendo rumbo al charco de mi ignorancia. Negado a ver con otros ojos la verdad que se oculta ajena a mis más grandes deseos. No espero ser recogido como ser de este mundo incierto, y mi propia existencia lo es, pero no mis pensamientos. Me rehúso a meditar las palabras que se trazan en las líneas partidas, oscuras, reales y complejas. Nos debatimos a pensar que lo fácil es ajeno a nuestro razonamiento, siendo nosotros mismos frutos de la inconsciencia burlona, traviesa.

Respira para sentirlo, te vas dando cuenta que es el mismo aroma que aparece y se va, que rompe en la cresta de ola, salvaje, azul, saludando al viento que la empuja despreciando el beso que es lanzado al cielo, a esos ojos que ocultan verdades y que la luna abriga en las noches, cuando crece y se saludan. Parecen ocultos siempre ante las sombras de lo común que trazan líneas estableciendo un orden que causa lágrimas que queman, que matan sin saberlo. Atrás, allá, entre los árboles.

… Son 2.

Entre lo imposible y lo complejo

Realidad obscena la que me toca vivir cada cierto tiempo. Es que a veces camino ataviado de una fe endeble que me niega presentarme a una realidad evidente. No es que la montaña se aproxime a uno caminante con miedos, con la misma certeza con la que me alejo de ella en la mirada. Sucede que lo imposible se torna más fácil de aceptar cuando no se cree en uno mismo, cuando el cariño que se añora es transparente y nos atraviesa, fieramente.

La complejidad obliga a repensar el camino, a elegir entre lo probo y acorde con ese sin pensar absurdo. No se necesita subir ante lo alegre, ya que baja para estar a nuestra altura, nos sonríe, nos abraza, nos besa. Es más simple aceptar que se tiene ese calor abrasando nuestro corazón, un injerto de dulzura que respira cerca al pecho y nos susurra un golpe en forma de caricia. Es más simple solo callar para dejar hablar las palabras inexpresivas de los ojos.

Fluye por completo entre caminos dispersos de una vida que se nos va entre el querer de lo oculto, entre lo imposible y lo complejo, evitando caer apresuradamente en ese abismo desmesurado que nos tienta a lanzarnos en una caída apasible pero violenta. Es la presión que nos invita a seguir caminando y no nos deja darnos cuenta que ya no estamos caminando, sino cayendo torpemente, sin decir palabra, queriendo volar sin tener alas, como brisas sin equipaje, y emprendiendo, entre la soledad y la locura, un viaje en la mente de otro que nos sueña, sin esperar despertar.

Línea IV

El tiovivo. A la vista se me oculta aquel vaivén interminable de idas y vueltas, de mostrar y ocultarse. Ya los ojos no se me cruzan, descansando estuvieron o aún siguen estando. Ah, denodado en atenciones, la sangre se va drenando y de los ojos escapa una lágrima dulce y una sonrisa. Aquella sonrisa triste que obliga a que otros volteen la cara en una arrogancia propia y oscura.

Ya no se esconde el abrazo solitario, solo espera impaciente la llegada de aquella visita ya pasada. En su banco suspira intensamente aspirando a sumergirse en el pasado perdido y oculto. Aspira el manto de lluvia que lo acompañaba en las noches sin estrellas, las que le eran traídas desde tan lejos, en manos pequeñas. Calmando sed de pena, se oculta en el fondo un oscuro soñar de una mente que se cierra y no duerme.

Caminando, salta del tiovivo escapando entre los haces de luz que lo obligan a mostrarse. No es necesario ser visto, solo existir. No es necesario ser tocado por el puro sentimiento, basta con recurrir a su brazo, estampar sus pisadas en donde hubo un camino y escapar. Solo es necesario dar el paso descalzo rumbo a la ruta que conocía pero que nunca existió. Tal vez escapar sea una manera de enfrentar aquello de lo que siempre intentó evitar.

Es irónico…