Relato I

Aunque estaba oscuro podía ver un poco con esfuerzo gracias a la luz de la luna, parcialmente nublada en estas épocas de invierno. Ya hacía varias horas que había dejado de ser día pero él sabía que sus sospechas no eran del todo inciertas. Oculto tras un desordenado montón de arbustos, que daban de cara a la casa, pudo ver al hombre deslizarse sigilosamente, agachando la cabeza y casi sin proyectar sombra, hasta la entrada, erigida en forma de bóveda le confería un aire casi espectral al escenario que allí se vivía.

Para Dan, temblando y sin saber qué hacer, ser testigo mudo de aquel espectáculo le provocaba cierto rechazo, pero no podía hacer otra cosa, no ahora, no aún. Sin embargo, a cada paso que aquel desconocido daba cruzando el jardín se sentía intimidado y se agazapaba aún más, procurando hacer la menor cantidad de ruido y rogando porque ningún animalejo le asalte por sorpresa y le haga gritar como un condenado haciendo que su presencia sea evidente y ponga en peligro su ya bastante complicada existencia.

En tanto, el hombre, Dan había calculado que tenía tal vez dos año o tres más que él, pero con el cabello más corto y un traje que no era para nada su estilo, seguía su imparable camino casi a rastras, tocando con las palmas de sus manos la pared de arbustos bien cuidada, como un laberinto cercado por los altos faroles que coronaban la noche de un modo peculiar, y compitiendo con la luna al hacer danzar sombras de insectos en el suelo, confiriéndoles tamaños descomunales en el piso plano pero abultado, marrón claro. En otras circunstancias hasta le habría parecido cómica la forma en que estaban dispuestos, pero en aquel momento no era el humor el que encabezaba sus sentimientos y emociones, sino el corazón palpitante que acallaba cualquier vestigio de risa demente y tonta que pudiera nacer de él.

El hombre ya se encontraba casi a la entrada principal de la casa. Era del tipo colonial con dos barandillas a los costados y amplias ventanas con cortinas color claro. Ambas de roble y con señales de haber estado allí antes de la construcción de la misma casa. La cortina de la derecha se encontraba a medio abrir proyectando una suave sombra que delataba la presencia de algún ser que trabajaba hasta altas horas de la noche. La izquierda, con el mismo diseño desgastado de un crema vacío y adornado de flores tristes, se encontraba completamente cerrada y, a criterio de Dan, se encontraba deshabitada desde hace mucho o al menos… El hombre ya ganzúa en ristre parecía decidido a acabar con su cometido esa misma noche. No se trataba de una misión previa de reconocimiento como había pensado, sino que el trabajo se haría, y como iban las cosas, se haría bien. Dependiendo del punto de vista, claro está. Aunque no del todo, o al menos esa impresión tuvo Dan cuando vió que el hombre dejó de intentar abrir la puerta que daba entrada a la casa. Desde donde se encontraba parado, las columnas de la casa, dispuestas dos a cada lado, parecían aún más altas de lo que en realidad eran. Calculaba que unos 2 metros y medio. Tal vez era por el pedestal de medio metro que soportaba la casa y comunicaba el camino del patio y sus descuidados rosales a la escalera de cinco peldaños.

Toda clase de herramientas parecía guardar el tipo en cartera de herramientas que llevaba adherida al pecho en una suerte de colgante bien sujeto, como uno de los bolsos para varón que ahora tan de moda están. Sacó un par de ganchos de un material que parecían ser de hierro o acero, o algún otro que brilló al quedar expuesto y ser alumbrado por la luna, parcialmente cubierta ya por las nubes, algo negruzcas habitando la noche carente de estrellas, tal vez como fiel cómplice de lo que se tenía planeado para esa fecha. Subió, despacio. Se veía decidido pero no llevaba prisa, iba subiendo por el costado derecho de la casa, por una rejilla de madera que parecía soportar bien su peso, que no debía pasar de los sesenta kilos. Tal vez ya la había examinado un par de semanas atrás.

Hubo un poco de movimiento en el cuarto que daba al balcón con su barandilla, no muy alta pero sí lo suficiente para apoyar las manos y tener una buena vista del centro de la ciudad pero no para evitar una caída, aunque no mortal. Tal vez el tío solo había ido al baño o por algún vaso con agua, aunque a estas horas podría ser que dejara el concienzudo trabajo para el día siguiente. Se le tenía por un hombre prolijo, así que el cansancio tal vez amainaba por la presión de un sentido de responsabilidad bastante fuerte.

Ya estaba arriba, en un acto casi acrobático alcanzó la barandilla sin hacer ningún ruido, aunque por un momento parecía que las herramientas se le irían a caer pero supo contenerlas con un rápido movimiento de la mano izquierda, mientras la derecha soportaba el peso de todo su cuerpo que pendía cual péndulo de un reloj de su abuelo. Dan no sabía que creer, una parte lo conminaba a gritar y alertar al viejo hombre sobre, lo que era más seguro, su cercano final pero otra le hacía mantenerse impávido, inexpresivo y casi consintiendo un acto solemne, como cuando escuchaba aquellas aburridas misas en la iglesia dominical a la cual su madre obligaba a ir. Cosas de familia, decía, mejor tener asegurado el cielo, que asegurar la vida sin estar con Dios. Pobre mamá, dudo que habiéndole hecho lo que le hizo a papá tuviera muchas esperanzas de estar en la lista divina de entrada al cielo. Él no lo creía, no entendía por qué todos los demás sí.

Parecía estar cansado cuando llegó arriba -Dan observaba y hasta ganas de acercarse le daban para no perder detalle- pero el hombre solo se acomodó el pantalón, sin dejar de pegarse a la ventana. Parecía ser bastante cuidadoso pero no lo suficiente, porque a pesar de estar bastante pegado a la cortina, ancha y oscura, no reparó en la maceta que tenía a sus pies y lo dejó caer. Tuvo un par de segundos antes que se escuchara el ruido de la pequeña maceta caer, momento suficiente para pasar al otro lado del balcón en un movimiento que simulaba la forma que tienen los cables de aquellos puentes en uve.

La reacción dentro de la casa no se hizo esperar. Alguien prendió la luz del cuarto y el ambiente se iluminó por completo. A pesar que era un hombre ya mayor y andaba con dificultad, se le veía bastante fuerte y saludable. Aunque tal vez no lo suficiente para hacer frente a tan inesperada amenaza. El hombre de negro pareció sacar otro objeto de su bolso. Es un cuchillo, pensó Dan, lo va a acuchillar. Pero no, no lo acuchilló, o al menos no de momento. El viejo deslizó la puerta de vidrio, opaco de sucio, y salió a la barandilla del balcón apoyándose en esta al lado opuesto al de su agresor, pero en la dirección en donde había caído la maceta, aquella que casi delata el plan de este último y tira por tierra todo el ¿esfuerzo? que pudo traer consigo el trabajo de noches de planear este atraco fingido.

El viejo se inclió para ver qué era lo que lo había sacado de su tarea nocturna armado de una lámpara que parecía ser a gas. Dan no lograba distinguir bien desde su posición. Él hubiera dado lo que fuera por poder estar desde una posición más privilegiada, aunque así como le asaltó rápidamente esta idea, también se le fue, al pensar que esa posición más privilegiada sería la del asesino en sí, o el agresor, ya no sabía que creer. No, no creía en Dios pero tampoco era un endemoniado sin escrúpulos… aunque su silencio tal vez fuera sinónimo de complicidad. Si es que no fuera tan cobarde. Su madre le había enseñado a no meterse en líos, aunque su hermano, que en paz descanse, siempre le repetía que era mejor pegar primero a esperar el golpe. Y el golpe llegó.

Aún seguía concentrado en sus pensamientos cuando, todo pasó tan rápido, vio al hombre alargar un paso y extender, en torno al cuello del viejo hombre, algo que parecía ser una soga pero más delgada. No tenía certeza de nada, solo de que sus piernas le comenzaban a flaquear y temblaba sin poder contenerse, estaba siendo testigo de un asesinato. El calor entre sus piernas comenzaba a hacerse más intenso y tuvo por un momento la sensación de que iba a mearse en sus pantalones, los marrones nuevos que papá, antes de entrar a la cárcel por su cumpleaños número quince, le había regalado. Calma, se decía, pero era imposible. Calma, una vez más, no podía delatarse ya en estos momentos. Había llegado hasta allí atraído por una corazonada, o tal vez algo más, pero ya era tarde para echarse atrás.

El cable o lo que fuera pareció afirmarse más en el cuello del anciano, mientras que el otro sujeto hacía presión inclinándose hacia una de sus rodillas que casi tocaba el suelo, mientras su espalda tocaba con fuerza la espalda del viejo haciendo una especie de palanca de la muerte. Se escuchó un sonido ronco cuando el viejo dejó de luchar por su vida y sus manos dejaron de intentar aferrarse a la soga que aprisionaba su cuello y le impedía que el aire llegara a sus pulmones. Tal vez una muerte ahogado fuera peor, aunque dicen que la euforia que se siente al agua llegar a los pulmones es mucho mayor y, de cierto modo, compensa el hecho de saber muerto. Qué diablos estoy pensando, reflexionó Dan, un tío está muriendo aquí. Me largo, fue lo último que se dijo, antes de pensar en siquiera moverse luego de escuchar el cuerpo del anciano caer al suelo. Aún en esas circunstancias ya había recuperado un poco la calma y mostraba una mayor compostura, fuera del hecho de estar escondido, desde luego.

El consumado asesino parecía admirar su obra con orgullo pues Dan habría jurado que había visto una sonrisa de satisfacción al ver aquel viejo hombre tirado en el suelo asfixiado proyectando una sombra con forma alargada que resultaba inquietante desde donde se le miraba, en forma fetal, como si intentara nacer de nuevo. Esa es basura y sacrilegio, habría dicho su madre persignándose de haberlo escuchado decir algo así.

El sujeto se aseguró de no dejar rastros de su intrusión que parecía limpia desde cualquier punto de vista, de no ser por las marcas que había dejado la ganzúa en la puerta al intentar abrirla. Aunque eso a fin de cuentas era lo de menos, el trabajo estaba hecho, adiós viejo. Ya tendría tiempo de ocuparse de romper un par de vidrios y usar el espray robando algunas cosas y hacerlo parecer una cosa de vándalos, nadie extrañaría a aquel pobre diablo. Nadie excepto tal vez su hija, pero esta vivía a tres mil kilómetros de distancia y solo lo llamaba para las fiestas de fin de año, así tardaría en darse cuenta.

Joder, estaba sudando, y en esta época del año era increíble. Se encontraban a casi diez grados centígrados pero el calor era en parte por los nervios y en parte por el grito ahogado que alrededor de un minuto antes había querido soltar para advertir al viejo de lo inminente. Una voz dentro de él lo había detenido. No estaba seguro de si había hecho bien o mal. Maldita hora en que me mudé en este barrio de mierda, pensó.

Sigilosamente intentó apartarse de todo aquello. Había sido testigo de un crimen y necesitaba reflexionar sobre lo que había visto. ¿Quién era aquel viejo? ¿Por qué lo mataron? ¿Quién era aquel hombre de negro y por qué estaba tan feliz de haber acabado con la vida de aquel triste infeliz? Muchas preguntas aún sin respuestas rondaban por su cabeza, necesitaba pensar, y mucho.

Se movió sin hacer ninguna clase de ruido, estaba casi alcanzando la calle safándoze de su arbusto escondite cuando piso esa rama, maldita rama, que crujió haciendo un sonido que le provocó ensordecedor en toda la quietud y paz de la noche. Otro error, se volvió a mirar al hombre para asegurarse que no lo hubiera visto, como si hubiera tenido caso, y la luz el poste de la calle le dió enteramente en la cara al tropezar por la rama que aún lo aprisionaba doblada con el lazo de sus zapatilla negra. El sujeto lo vió. Parecía haberle clavado la mirada fija en los ojos, sentía que le ardían. No, lo había visto, no era solo su impresión, debió haberse largado sin mirar atrás. No tuvo mucho tiempo para pensar en ese momento y simplemente pateó la rama hasta que se quebró, se levantó como pudo, dejando caer dos monedas que acompañaron aún más la noche y corrió, corrió como un loco endemoniado. A lo lejos, cuando se volteó nuevamente ya seguro de estar fuera del alcance de aquel desquiciado, pudo ver como éste le saludaba con la mano, temiendo por ser el siguiente por quien sonriera luego de hacerle una visita como la de aquella noche al viejo.

Cobarde y eterno

Caliente, hierve mi sangre de nuevo al verme impávido otra vez frente al mismo espejo que fue guardado en el baúl de las sonrisas tristes y las lágrimas del océano. Otra vez, tras penosas culpas y nieblas oscuras, mi vista se pierde marginándote, evitando que el muro de asombro que me guiña por sobre el hombro una sonrisa cabalgue en la sombra de mis pensamientos ajenos.

Melancolía en soledad, con versos incompletos y aire a sueño, de princesas transparentes y corazones de glorias pasadas. El caballero aparece esta vez en la noche, con los cristales en la luna y sus manos magulladas. La autoflagelación al alma le ha significado perderse en el mundo de palacios y penumbras, de velas circulares y caminos en espiral.

Sonríe, subiendo a un árbol, trepando con gozo y con locura, casi imperceptible a las penas y los enojos, a los besos y a la rabia, a los ojos, a aquellos ojos y labios tristes, labios de mar y de sorpresa, de nubes y de lluvia, de soles y estrellas. Retumbando una y otra vez desean fundir lo prohibido en una única esencia, por siempre.

En un infinito de pasiones se arremolinan tantos sentimientos que generan una entropía de tal magnitud, que las lágrimas de mil estrellas en un cielo que no escucha, con un universo cobarde como testigo, no se puede esperar más que el deseo por el desierto, donde solo los pasos acompañen con ritmo el compás de un cristal marcado, olvidado y dejado al abandono en la soledad.

El caballero aún cabalga en la noche respirando el verde esperanza…

Entre ángeles y demonios

Entre demonios escapando, subiendo escaleras oscuras
asesinando el respiro de un aire sin ramas, ascendiendo,
vacilante tras muros encerrados en una mirada con ternura
iluminando el corazón que se esconde ardiendo.

Olvidando el recuerdo de un pasado inexistente
vaciando el alma en una copa sin fondo,
esperando temeroso un te quiero, un detente,
llorando sangre y cayendo en lo más hondo.

Y regreso nuevamente, y me escondo de repente,
y suspiro en el camino, y lo imagino, aún divino,
está allí palpitante, guiándome, omnipresente
cegándome a pecar de nuevo al besarte, vino.

Como la tragedia que se niega a desaparecer,
espero impaciente el tierno clavo de la sutil derrota
besando el espeso y dulce, deseando prevalecer
hasta que el piano de mi vida toque su última nota.

Se niega maldito a ocultar entre cristales,
el cielo oculto de un ciego vano y oscuro,
donde demonios amigos ocultan los males
y los ángeles intentan negarme lo que es tan puro.

Novelas que voy leyendo

Hace un tiempo he comenzado a leer y leer, retomando mi hábito de lectura (dejado de lado por la presión universitaria de más textos académicos). Sin embargo no he estado llevando un tracking de las últimas novelas que he estado leyendo, así que aquí listaré los más recientes y luego iré añadiendo las fechas, a fin de tener un registro de lo que voy leyendo.

Libros leídos recientemente

El Inquisidor – Patricio Sturlese

Cámara de Gas – John Grisham

La Sexta Vía – Patricio Sturlese

El Talismán – Stephen King & Peter Straub

El Informe Pelícano – John Grisham

El Cliente – John Grisham

El Socio – John Grisham

Legítima Defensa – John Grisham

Tiempo de matar – John Grisham (noviembre 2010)

Cell – Stephen King (diciembre 2010)

La Casa Verde – Mario Vargas Llosa … Leyendo

Libros pendientes (libros que me he comprado recientemente y aún no leo):

El Rey de los Pleitos – John Grisham

El Paraíso en la otra esquina – Mario Vargas Llosa

La Citación – John Grisham

La Guerra del Fin del Mundo – Mario Vargas Llosa

El Sueño del Celta – Mario Vargas Llosa

Recuerdos circulares

Caminante de distancias circulares,
errante de caminos aún no trazados,
Vacilante navegante de los mares
de un sendero replegado hacia el pasado.

En la rama más oscura de tus ojos
se vislumbra un cielo de nubes perdidas,
lloviendo como flores de un manojo
esperando ya no estar confundidas.

Suspiros olvidados

Profundos y marcados, suspiros oscuros, suspiros cerrados,
vacíos, olvidados, tiernos y tristes, ocultos y medio muertos,
lágrimas retorcidas de color amarillo azulado, caminantes
negando una realidad de lo que resulta siendo incierto,
aprisionando en el castillo del silencio lo que teme estar errado…

Recopilación Semanal: Palabra del día III

displicente.

1. adj. Que desplace, desagrada y disgusta.

2. adj. Desdeñoso, descontentadizo, desabrido o de mal humor. U. t. c. s.

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desvencijar.

1. tr. Aflojar, desunir, desconcertar las partes de algo que estaban y debían estar unidas. U. t. c. prnl.

2. prnl. desus. Quebrarse, herniarse.

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eximir.

1. tr. Librar, desembarazar de cargas, obligaciones, cuidados, culpas, etc. U. t. c. prnl.

Link

parterre.

(Del fr. parterre).

1. m. Jardín o parte de él con césped, flores y anchos paseos.

Link

pajarita.
(De pájaro).

1. f. Figura de papel que resulta de doblarlo varias veces hasta conseguir la forma deseada, generalmente de pájaro.

2. f. Tipo de corbata que se anuda por delante en forma de lazo sin caídas.

Link

moqueta.

(Del fr. moquette).

1. f. Tela fuerte de lana, cuya trama es de cáñamo, y de la cual se hacen alfombras y tapices.

Políticamente incorrectos: Destinados al mal menor

El día de mañana, domingo 03 de octubre del 2010, son los comicios electorales en la ciudad de Lima (y en otros departamentos al interior del país). Se trata de una “fiesta democrática”, o alguna tontería similar, donde millones de peruanos se lanzan a las urnas a votar por el candidato de su preferencia, aunque sea muchas veces el mal menor.

No son pocas las veces que se llega a lo mismo. Realmente la gente jamás se encuentra convencida por un candidato (o candidata) de manera completa. Esta vez el ambiente electoral se ha visto empañado por los clásicos trapitos sucios, sobre todo para la alcaldía de Lima. Tenemos a un alcalde cuyo hermano, y el mismo, fue relacionado a una mafia organizada del gobierno vinculado con un ex-presidente corrupto y asesino. Al final este curioso postulante terminó siendo desplazado por una tacha que le interpusieron por no haber vivido en Lima el tiempo mínimo para poder postular a esta comuna ¿qué partido político habrá estado detrás? Ni idea. Al final terminó postulando a una tía actriz que madera de alcaldesa tenía muy poco. Terminó renunciando y entrando su teniente alcalde, que no llegará al 5% según las encuestas.

¿Qué más? Tenemos a un abuelo religioso que no ve con muy buenos ojos a los gays, por lo que de momento habrán varios miles de votos, si es que no millones, que se le irán. Es bastante conservador, sin llegar a ser lo suficientemente radical o de izquierda como la otra postulante a la alcaldía, aka Susy, que ha sido víctima -y tal vez sí aplique el término- de una campaña sistemática por parte de un diario que solía leer. Ha sido tan asquerosa la campaña contra esta señora que hasta ganas de votar por ella me han dado. Sin embargo, el hecho de ser partidaria de la legalización de las drogas, amnistía a varios terroristas y estar vinculada a grupos radicales dizque reformados, entre otras hierbas, hace que se me quiten las ganas.

Su más cercana contendora es una ahora no tan rechoncha señora, ex-postulante a la presidencia de la República, cuyos audios telefónicos fueron intervenidos -el término de moda es en realidad “chuponeados”- por quién sabe quién. El hecho es que en estos audios la tía terminaba mandando todo al diablo, en verdad dijo “al poto”, incluyendo la alcaldía. ¿La razón? Las últimas encuestas no la favorecían del todo. Es más, la señora con su asesor estaban acordando el visitar a la compañía de estadísticas para “mover un poco las cifras” a favor de la susodicha, a fin de no empañar la gran campaña que tenían desplazada, con cantante popular chicha, Tongo, incluido.

El resto de candidatos se reparten un 10% bastante triste, incluyendo votos en blanco y viciados creo. Al final tenemos a Hulk, el helicóptero, Frito Lay, tía Poto, tía roja, huevo duro, etc.

Lo peor es que encima me mandan votar a un lugar de mierda bastante lejano de mi hogar, no sé por qué, al cual no sé ni llegar (o sabiendo, siempre me olvido) y mucho menos a tiempo. Sigo dudando en torno a mi voto, los planes no me convencen del todo, aunque sé que muchos votan/remos sin haberlos revisado siquiera superficialmente. ¿Carisma? A tirar los dados de nuevo para la alcaldía. Favoritas: las tías.