Hay un año nuevo que recuerdo con mucho pesar. Habían pasado solo unos meses desde mi ingreso a la uni (en agosto del 2003) y ya en diciembre con las fiestas navideñas y la aprobación de cursos, no me caracterizaba necesariamente por mi afinidad hacia las fiestas.

(Esta foto la googleé por siaca xD, nada tiene que ver conmigo)
Me había alejado un poco de mis amigos de la promoción porque mi preparación para la uni había implicado estar algo ‘focalizado’ (nerd, encerrado, etc.), de manera que anduve bastante solito.
Se acercaban las fiestas de año nuevo (pasadas las aburridas navideñas) y no tenía plan alguno. Mi hermano menor por su parte había quedado con sus amigos del colegio (promoción) en una fiesta en casa de uno de sus compañeros (no sé si era necesariamente su amigo, pero de que ponía la casa, la ponía). Mi papá y mi mamá tenían planeado salir a casa de una tía (llevando consigo a mi otro hermano, el más chiquito, llamado Toñito) donde se organizaría una especie de reunión (así le llaman los adultos al equivalente juvenil de juerga) de año nuevo.
Aún yo no tenía planes y anduve dando vueltas todo el día en la casa. Misio, solo y aburrido, ya eran las 10 pm y la gente se disponía a salir, se cambiaban, se perfumaban, etc. y yo aún igual, sin nada preparado.
Llegaron las 12 de la medianoche, la gente hizo la clásica cuenta regresiva que me desespera y enferma y luego de una breve cena, cada uno enrumbó hacia su reunión.

